Miami, Florida, miércoles 2 de diciembre del 2010 (Nota escrita por el Rev. Dr. y Pastor Lemuel Rodríguez). La publicamos por considerar al Pastor Rodríguez una fuente de sabiduría de la Palabra. Conoce los pasajes de la Biblia. En esta nota nos escribe en lo concerniente a “La Fuente del Enojo”.

Su nota la inicia señalando: “Si echas un vistazo a los dos hermanos no tendrás ninguna sospecha. Cuando los ves salir del culto no sientes ninguna preocupación. Como cualquier otra pareja de hermanos, tienen sus diferencias. Uno se parece más a su mamá, el otro a su papá. A uno le interesa la agricultura, al otro la ganadería. Aparte de esto, parecen similares. Compatibles. Educados en la misma cultura. Jugaron en las mismas colinas. Con los mismos animales. Hablaban con el mismo acento. Adoraban al mismo Dios”.

Entonces ¿por qué uno mató al otro? ¿Por qué ese asalto tan violento? ¿Qué hizo que un hermano se volviera contra otro y derramara su sangre? ¿Por qué Caín mató a Abel?

Para responder esta pregunta tenemos que entender algo más profundo. Algo que se esconde claramente bajo el asunto del asesinato es la cuestión del enojo. Porque «Caín se enfureció» (Génesisn 4.5: Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda; pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante). Estaba enojado de verdad. Tan enojado que fue capaz de matar. ¿Qué lo enojó tanto?

El enojo en sí no es pecado. La emoción es idea de Dios. La Biblia nos dice: «Airaos pero no pequéis» (Efesios 4.26: Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo,). Se puede sentir lo que sintió Caín sin hacer lo que él hizo. El enojo no es un pecado, pero puede llevarnos a pecar. Puede que tu enojo no te lleve a derramar sangre, pero ¿te hace susceptible, irritable, de mal humor, te pone a la defensiva? ¿Te sales de tus casillas? Estas no son mis palabras, sino las de Pablo.

Según el apóstol, el amor no: «tiene envidia»; «no es jactancioso»; «no se envanece»; «no hace nada indebido»; «no busca lo suyo» y «no se irrita».

Caín era todo esto y más. Pero ¿por qué? ¿Por qué se le fundió un fusible? El texto nos vuelve a dar la respuesta. «Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda; pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante» (Gn 4.4–5).

Interesante. Esta es la primera vez que aparece el enojo en la Biblia. Aparecerá unas cuatrocientas veces más entre este momento y los mapas que hay al final, pero esta es la primera vez. El enojo nos lleva a la cuneta y saca el carro de la carretera. Fíjate en quién está con él en el asiento delantero: el rechazo. El enojo y el rechazo están en la misma oración.

Esta no es la única vez que aparecen juntos en la Biblia. El enojo está presente en muchas páginas. Y más de una vez el rechazo causa un incendio premeditado.

Los hijos de Jacob fueron rechazados por su padre. Jacob mimó a José y descuidó a los otros. ¿Cuál fue el resultado? Los hermanos estaban enojados. «Y viendo sus hermanos que su padre lo amaba más que a todos sus hermanos, le aborrecían, y no podían hablarle pacíficamente» (Gn 37.4). Continuaremos Shalom.

NOTA.- El Rev. Dr. y Pastor Lemuel Rodríguez posee vasto conocimiento de las Sagradas Escrituras. En Miami fue invitado por la Pastora, Profeta y Apóstol, Lidia Rodríguez para el 22 Aniversario de Ministerios El Buen Pastor Internacional.
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